El petróleo alcanzó su nivel más alto desde 2022 en medio de crecientes tensiones entre Estados Unidos e Irán, tras la posibilidad de una acción militar que agravaría el conflicto en Medio Oriente. La reacción inmediata de los mercados impulsó el crudo Brent por encima de los 126 dólares por barril, aunque posteriormente retrocedió y se estabilizó en un rango entre $110USD y $114USD (dólares estadounidenses), influido también por el vencimiento de contratos de futuros.
El alza se produce en un contexto de estancamiento en las negociaciones diplomáticas y ante la incertidumbre sobre la seguridad en el estrecho de Ormuz, un punto estratégico por donde transita cerca del 20 % del petróleo y del gas natural licuado que se comercializa en el mundo. Cualquier interrupción en esta ruta clave podría afectar significativamente el suministro global de energía.
El impacto ya comienza a sentirse en distintas economías. Los precios de la gasolina y el diésel registran incrementos, mientras algunas aerolíneas han empezado a ajustar sus tarifas para compensar el mayor costo del combustible. Además, varios gobiernos advierten que un petróleo más caro podría encarecer la energía, los alimentos y otros bienes de consumo, especialmente por el aumento en los costos de producción y fertilizantes, lo que añadiría presión al costo de vida a nivel mundial.