El túnel, de aproximadamente 589 metros de longitud (de los cuales unos 250 m corresponden al tramo del lado mexicano), conectaba una zona residencial o comercial de Tijuana con el interior de una tienda minorista en desuso en el sector de San Diego, California.
El operativo se consolidó tras meses de tareas de inteligencia y seguimiento por parte de agencias federales estadounidenses, que detectaron a varios sospechosos cargando objetos pesados en camiones que posteriormente se dirigían hacia el norte de California.

Al realizar el cateo en las propiedades vinculadas, las fuerzas de seguridad localizaron una de las entradas oculta estratégicamente debajo de un local comercial, utilizando un elevador hidráulico para subir y bajar los cargamentos de estupefacientes sin levantar sospechas en la superficie.
Justin de la Torre, jefe de la Patrulla Fronteriza en el sector de San Diego, declaró ante la prensa que "las organizaciones criminales continúan buscando formas complejas para explotar la frontera", destacando que este pasadizo representa uno de los desafíos más serios en infraestructura subterránea detectados recientemente en una de las zonas fronterizas más vigiladas del planeta.