Entre las consecuencias previstas se encuentran un incremento de las olas de calor, sequías, incendios forestales, inundaciones y otros fenómenos meteorológicos extremos. La ONU también advierte sobre mayores amenazas para la seguridad alimentaria y el suministro de agua, además de daños a ciudades, infraestructura y ecosistemas.
La preocupación se refleja también en los registros recientes. Agosto de 2026 igualó a julio de 2023 como el mes más caluroso registrado, con una temperatura media global de 16,96 °C, equivalente a 1,65 °C por encima del promedio de la era preindustrial, según el servicio europeo Copernicus.
No obstante, Naciones Unidas aclara que un mes o incluso un año por encima de 1,5 °C no implica por sí solo que se haya incumplido técnicamente el objetivo del Acuerdo de París, ya que este se refiere al calentamiento promedio mundial a largo plazo. Los registros actuales son, sin embargo, una señal de que el planeta se acerca peligrosamente a ese límite.
El PNUMA plantea una estrategia de “sobrepaso, punto máximo y descenso”, con el objetivo de limitar cuánto y durante cuánto tiempo se superaría el umbral. En el escenario más optimista analizado, el calentamiento alcanzaría un máximo de alrededor de 1,8 °C antes de comenzar a disminuir.
Para evitar un escenario climático todavía más grave, la ONU pide acelerar la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, eliminar progresivamente los combustibles fósiles, reducir las emisiones de metano y proteger bosques, tierras y océanos.
El mensaje de Naciones Unidas es contundente: cada fracción adicional de grado importa. Limitar el calentamiento no solo reduciría los impactos futuros, sino que también disminuiría los riesgos de alcanzar puntos de inflexión climáticos potencialmente irreversibles.