La educación superior en Colombia atraviesa un cambio en las preferencias de acceso: mientras algunas universidades presenciales enfrentan una reducción en la cantidad de aspirantes, las instituciones virtuales amplían significativamente su matrícula. El contraste quedó reflejado en el último proceso de admisión de la Universidad Nacional, que registró 39.397 aspirantes, frente a los 75.681 que llegaron a presentarse en años anteriores.
El caso de la Nacional permite dimensionar el cambio. En su proceso más reciente, realizado el 20 de septiembre, la institución recibió 36.284 aspirantes menos que en su máximo registrado, aunque mantiene una capacidad cercana a 6.000 nuevos estudiantes para sus diferentes sedes. Es decir, la caída en la demanda no necesariamente representa una disminución de la población estudiantil, sino una menor cantidad de personas compitiendo por ingresar a una universidad presencial con cupos físicos limitados.
En el otro extremo aparece la educación virtual, que tiene como una de sus principales ventajas la posibilidad de ampliar su cobertura sin depender de aulas, edificios o cupos físicos en la misma proporción que una institución presencial. La UNAD, por ejemplo, pasó de 121.000 estudiantes en 2022 a cerca de 339.000 actualmente, de acuerdo con las cifras citadas en el informe, un crecimiento aproximado del 180 %.
También existe una diferencia importante en los costos señalados. Según el reporte, una matrícula en la UNAD ronda los $525.777, mientras que el promedio mencionado para universidades públicas tradicionales se ubica alrededor de $4,5 millones. A esto se suma que estudiar virtualmente permite a los estudiantes reducir desplazamientos, combinar sus estudios con actividades laborales y acceder a programas sin trasladarse a las ciudades donde funcionan los campus. Para muchos jóvenes, estos factores pueden representar una alternativa frente a las condiciones que implica la presencialidad.
El panorama no significa que la universidad presencial esté desapareciendo ni que la virtualidad sea la única opción en crecimiento. Ambos modelos responden a necesidades diferentes: la presencialidad ofrece interacción directa, vida universitaria y acceso físico a laboratorios, bibliotecas y otros espacios; mientras la virtualidad apuesta por flexibilidad, cobertura y menor dependencia de la infraestructura física. Lo que muestran las cifras es que el equilibrio entre ambos modelos está cambiando y que la educación superior colombiana enfrenta una transformación en la manera en que los jóvenes eligen dónde, cómo y bajo qué condiciones estudiar.