La búsqueda de vida fuera de la Tierra podría tener uno de sus próximos capítulos en Encélado, una de las lunas de Saturno. Dos estudios liderados por Frank Postberg, científico planetario de la Universidad Libre de Berlín, plantean que las partículas expulsadas desde el océano subterráneo de este cuerpo celeste podrían conservar y concentrar señales químicas que facilitarían la detección de posibles indicios de vida.
Encélado ha despertado especial interés porque los científicos consideran que bajo su capa de hielo existe un océano de agua líquida, mientras que desde su región polar sur se producen enormes penachos de vapor y partículas heladas. La misión Cassini de la NASA, que finalizó en 2017, atravesó varias veces estas columnas y permitió analizar directamente material procedente del interior de la luna, algo excepcional en la exploración de mundos con posibles océanos extraterrestres.
Los nuevos estudios se concentran precisamente en cómo se forman y transforman esas partículas. Según los modelos analizados, las burbujas de gas que se forman en el océano pueden llegar a la superficie y expulsar pequeñas gotas a través de las grietas del hielo. Estas gotas no se congelarían inmediatamente, lo que permitiría que sales y compuestos orgánicos se redistribuyan y alcancen concentraciones que podrían resultar más fáciles de detectar.
Durante su recorrido por las fracturas del hielo, las gotas también pueden chocar contra las paredes y fragmentarse en partículas diminutas, llevando consigo materiales provenientes del océano. Los investigadores plantean que algunas de esas partículas podrían contener una concentración suficiente de material biológico como para ser identificada por instrumentos científicos, por lo que las futuras misiones podrían enfocarse en analizar partículas individuales de los penachos.
El interés científico aumenta porque los datos de Cassini ya habían encontrado en Encélado sales, compuestos orgánicos y evidencias compatibles con actividad hidrotermal en el fondo de su océano, elementos considerados relevantes al estudiar ambientes potencialmente habitables. Estos hallazgos no constituyen una prueba de vida extraterrestre, pero podrían ayudar a definir nuevas estrategias de exploración, incluida la propuesta de misión L4 de la Agencia Espacial Europea (ESA), que contempla la búsqueda de posibles biofirmas en esta misteriosa luna de Saturno.