La llegada del fenómeno de El Niño mantiene en alerta a varios países del mundo, entre ellos Colombia, debido a los posibles impactos que podría generar sobre las lluvias, las temperaturas y el abastecimiento de recursos hídricos. De acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial, existe un 80 % de probabilidad de que el fenómeno se consolide entre junio y agosto de 2026 y cerca de un 90 % de que continúe durante los meses siguientes.
En el caso colombiano, los pronósticos señalan condiciones más secas de lo habitual en varias regiones del país, especialmente en el norte de Suramérica. Esta situación podría traducirse en una disminución de los niveles de ríos y embalses, afectaciones al sector agrícola, aumento del riesgo de incendios forestales y mayores presiones sobre el sistema energético nacional.

Los especialistas también han manifestado preocupación por el impacto que podría sufrir la Amazonía, una de las regiones más vulnerables frente a los periodos prolongados de sequía. La reducción de las lluvias incrementaría el riesgo de incendios y podría afectar ecosistemas fundamentales para la regulación climática del planeta.
Ante este panorama, organismos internacionales hicieron un llamado a gobiernos, empresas y comunidades para fortalecer las medidas de prevención y preparación. La ONU y la Organización Meteorológica Mundial insisten en que la planificación anticipada será clave para reducir los efectos del fenómeno sobre el acceso al agua, la producción de alimentos, la generación de energía y la seguridad de las poblaciones más vulnerables.