En medio de la conmemoración de los 495 años de Malambo, el gobernador del Atlántico, Eduardo Verano, anunció nuevos proyectos para transformar la infraestructura vial del municipio. La propuesta contempla convertir 17 kilómetros de vía en doble calzada e intervenir otros 20 kilómetros de la carretera Oriental con pasos a desnivel, carriles exclusivos para buses y motocicletas, nuevos andenes, zonas verdes y un parque lineal.
El plan también incluye soluciones para puntos críticos de congestión como Manuela Beltrán, los accesos a Soledad 2000, el aeropuerto Ernesto Cortissoz, Malambo y El Concord, además de un puente peatonal frente al Inem. Son obras necesarias para mejorar la movilidad, facilitar el transporte de mercancías y fortalecer la conexión de Malambo con el área metropolitana de Barranquilla. Pero, precisamente por su magnitud, también obligan a formular una pregunta que las autoridades no pueden seguir aplazando: ¿qué pasó con el proyecto de los tanques elevados de almacenamiento de agua potable en El Concorde?

No se trata de una iniciativa desconocida ni de una necesidad reciente. Los tanques y la estación de bombeo fueron presentados como una solución concreta para mejorar la presión y ampliar la continuidad del servicio de agua potable en Malambo. Miles de familias esperaban que esta infraestructura ayudara a superar uno de los problemas más persistentes del municipio. Tener agua durante más horas al día no es un lujo ni un beneficio secundario: es una condición básica de dignidad y calidad de vida.
Sin embargo, mientras se anuncian nuevas inversiones viales y grandes proyectos de transformación urbana, la obra de los tanques en El Concorde permanece sin avances visibles durante un periodo prolongado. La comunidad sigue sin conocer con precisión qué ocurrió, por qué se detuvo el proyecto, cuál es su estado contractual y técnico, cuánto dinero se ha invertido y cuándo comenzará a funcionar. No basta con anunciar obras; también es obligación de las autoridades explicar por qué las obras esenciales permanecen estancadas.
La falta de información alimenta la incertidumbre y profundiza la desconfianza ciudadana. Malambo no puede ser presentado únicamente como un territorio que necesita más cemento, más carriles y más infraestructura para el tránsito, mientras miles de habitantes continúan enfrentando un servicio de agua irregular. La modernización vial es importante, pero no puede convertirse en una vitrina para ocultar los rezagos en servicios públicos básicos.

El desarrollo de Malambo no puede medirse solo por los kilómetros pavimentados, los puentes construidos o los parques lineales anunciados. Una carretera más amplia puede reducir los tiempos de desplazamiento, pero el acceso continuo al agua potable determina las condiciones mínimas de vida de una familia. Por eso, antes de celebrar nuevos anuncios, las autoridades deben rendir cuentas sobre los tanques de El Concorde y presentar un cronograma verificable para su culminación.
Malambo necesita mejores vías, pero también necesita agua. Y la ciudadanía tiene derecho a saber por qué una obra fundamental sigue esperando mientras se anuncian nuevos proyectos millonarios. Porque no se puede hablar de transformación y progreso cuando, al abrir la llave, todavía persiste la incertidumbre de si habrá agua.