La mañana del 11 de septiembre de 2001, 19 integrantes de Al Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales. Dos fueron estrellados contra las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nueva York; un tercero impactó el Pentágono, sede del Departamento de Defensa, y el cuarto cayó en un campo de Pensilvania después de que pasajeros y tripulantes intentaran recuperar el control de la aeronave.
Los ataques provocaron la muerte de 2.977 personas, entre civiles, trabajadores, pasajeros, tripulantes y miembros de los organismos de emergencia. En Nueva York murieron 343 bomberos y numerosos policías y trabajadores de rescate que ingresaron a la zona para auxiliar a las víctimas.
El colapso de las Torres Gemelas fue transmitido en directo por televisión y las imágenes dieron la vuelta al mundo. Para millones de personas, aquellas escenas se convirtieron en el símbolo de una jornada que modificó la percepción sobre el terrorismo y la seguridad internacional.

Tras los ataques, el Gobierno estadounidense inició la llamada guerra contra el terrorismo y lanzó una operación militar en Afganistán contra Al Qaeda y el régimen talibán. Posteriormente, en 2003, Estados Unidos invadió Irak. Las decisiones adoptadas después del 11 de septiembre marcaron durante años la política exterior de Washington y generaron fuertes debates internacionales.
Dentro de Estados Unidos también se produjeron cambios profundos. Se reforzaron los controles en los aeropuertos, aumentaron las capacidades de inteligencia y vigilancia y fue creado el Departamento de Seguridad Nacional. Estas medidas modificaron los viajes y los sistemas de seguridad, pero también provocaron discusiones sobre privacidad y libertades civiles.
Las consecuencias del 11 de septiembre no terminaron con el derrumbe de las torres. Miles de bomberos, policías, trabajadores de rescate y personas que estuvieron en la zona del World Trade Center quedaron expuestos al polvo y sustancias tóxicas. Con los años, algunos desarrollaron enfermedades relacionadas con esa exposición y numerosos sobrevivientes continúan recibiendo atención médica.

En Nueva York, el lugar donde estuvieron las Torres Gemelas se convirtió en un espacio de memoria. El National September 11 Memorial & Museum conserva los nombres de las víctimas, fotografías, objetos personales y testimonios de la tragedia. Cada año, familiares y autoridades participan en una ceremonia en la que se leen los nombres de quienes murieron.
También se realizan actos en el Pentágono y en el Memorial Nacional del Vuelo 93, en Pensilvania, donde se recuerda a los pasajeros y tripulantes que enfrentaron a los secuestradores antes de que el avión se estrellara.
A 25 años de los atentados, una parte importante de la población estadounidense nació después de aquella fecha. Por ello, la conmemoración tiene también el propósito de preservar la memoria de lo ocurrido y transmitir a las nuevas generaciones el significado de una tragedia que trascendió las fronteras de Estados Unidos.

El 11 de septiembre permanece como una fecha de dolor para miles de familias, pero también como un recordatorio de la respuesta de los organismos de emergencia y de las profundas transformaciones que los atentados provocaron en la política, la seguridad y la sociedad.
Veinticinco años después, las Torres Gemelas ya no están, pero los nombres de quienes murieron permanecen en el Memorial de Nueva York y en la memoria de un país que cada año vuelve a detenerse para recordar aquella mañana que cambió su historia.