La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) informó el pasado 11 de junio que el fenómeno se había establecido oficialmente en el Pacífico tropical. De acuerdo con la entidad, existe un 63 % de probabilidad de que la temperatura superficial del mar supere los 2,0 °C en la región de monitoreo, umbral que clasifica el evento como "muy fuerte".
Ante este panorama, varios países de la región han comenzado a divulgar los posibles efectos del fenómeno y a fortalecer sus planes de preparación para reducir los riesgos sobre la población y los sectores productivos.
En Colombia, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) advirtió que el fenómeno podría generar un aumento de las temperaturas, disminución de las lluvias en las regiones Caribe, Andina y Pacífica, reducción en los niveles de ríos y embalses, afectaciones al abastecimiento de agua para consumo humano, agricultura y generación de energía hidroeléctrica, así como un mayor riesgo de incendios forestales y problemas de salud relacionados con las altas temperaturas y la proliferación de insectos.
El Ideam recomendó a las autoridades, sectores económicos y ciudadanía realizar un seguimiento permanente a la evolución del fenómeno y adoptar de manera oportuna las medidas de prevención necesarias.
En el resto de América Latina, los impactos de El Niño variarán según las condiciones geográficas y climáticas de cada país. Por ello, los organismos de gestión del riesgo y las autoridades meteorológicas mantienen el monitoreo del fenómeno y avanzan en la implementación de estrategias para mitigar sus posibles efectos.